Suposiciones para mirar con esperanza
Llega un nuevo año. Lo que hemos aprendido y superado no se detiene; nuevos retos aparecen para escritores, editores y amantes de la literatura. En un mundo donde lo literario en internet abarca cada vez más espacio, visualización, estrategias e increíbles modos de permanecer, publicar un libro ya no se trata solo de imprimir páginas, sino de tomar conciencia de buenas prácticas de uso con los algoritmos, utilizar mejores CTAs no comunes y optimizar los caminos hacia búsquedas que lleven lectores directos a tu obra.
Los retos del ciberespacio son cada vez más reales: saturación de contenidos y mercados, cambios constantes en Amazon KDP, Smashwords o Bubok, así como la necesidad de implementar un mejor SEO para autores, de modo que los haga visibles entre miles de publicaciones o productos de distinto tipo.
La democratización digital ha permitido que cualquier persona con algo de habilidad publique sus textos, sea que lleguen donde sepa o pueda. Aunque la competencia continúa siendo voraz. A pesar de los muchos aspectos negativos, tal vez es más práctico concentrarse en los positivos, ya que en la actualidad nunca fue tan accesible publicar, trazar una estrategia e implementar una serie de pasos para llegar a muchos más personas.
Puede ser que este nuevo año traiga:
* Un crecimiento de formatos híbridos, o sea, un aumento en la creación de ebooks y audiolibros interactivos.
* De igual modo, suponemos un crecimiento aún más acelerado en comunidades nicho dentro de las redes sociales como BookTok y Bookstagram, que continúan llevando la delantera, pero Instagram Threads y Substack parecen ganar importancia para boletines —newsletters— literarios directos con un mayor alcance.
* Otro gran paso será el SEO avanzado con IA ética, a pesar del disgusto de algunos creadores y la defensa de otros tantos.
* A raíz de la dificultad creciente de los nuevos autores para encontrar un mecanismo eficiente de distribución desde las editoriales, el sector de la autoedición parece explorar un camino de aceptación y beneficios personales —más trabajoso pero asumido y controlado por los propios autores.
Los puntos anteriores nos inducen a volcar otra mirada sobre la actual saturación del “mercado oficial” del libro, donde las relaciones interpersonales seguirán creciendo por sobre la relación editorial contractual, donde importará más el hecho de crear por vías propias cada vez mejores relatos y, por qué no, puede que hasta pensar en que un mercado real y alterno de autopublicados llegue a situarse —salvando las distancias— como un modo de ser en realidad visible sin tanta dependencia tecnológica.
Desde nuestro mayor sentir, esperamos que este nuevo año, más allá de las suposiciones, llene a los autores de ilusión, ganas, esperanzas; que jamás desistan en su empeño por crear, agradarnos y dejar que busquemos en ese maremágnum de palabras que es el internet, su voz.
¡Bienvenido a 2026, que sea año de palabras y lectores!

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