Author: Luis Amaury

  • Lo que el viento se llevó

    Lo que el viento se llevó

    (Fragmento Anita Mur)

    Vuelven a poner la corriente, descubro que Olivia se ha quedado dormida con la cabeza apoyada en los brazos sobre la meseta, y aún no dan las diez de la noche. La despierto despacio, la llevo hasta mi cuarto. Cae en la cama sin decir palabra alguna y encien­do el ventilador.

    Abro la maleta del viaje y agarro una botella de Sunrise, cosecha del 95. Lleno a tope mi tarro (una jarra que perdió el asa años atrás) y salgo al pasillo trasero. En los bajos está el patio de Ana, cargado como siempre de hojas desprendidas del árbol de mangos que sa­queábamos en las temporadas de lluvia. Mañana bajaré a limpiar ese desorden, me haré cargo de algunas cosas hasta que Vivienda decida a quién dar o venderle la casa de Ana, nuestro cuartel general. ¿Cómo evitar que los extraños por llegar sean frikis, emos, o realizadores de telenovelas? Ana odiaba muchas cosas, excepto el cine, por el que sentía un amor inexplicable. Nunca le dije cuán-to se le transfiguraba el rostro al sentarse frente a la pantalla, con apenas un caramelo de a peso.

     

    —La gente debería tener más cuidado con la peste a boca, ¿no lo crees?

    —Claro, Anita, por supuesto.

    Me dio un pedazo de esa basura dulce y mentolada que vendía una serie de gente en cualquier lugar de la ciudad. Sobre todo frente a las marquesinas de los cines. Ese día pasábamos cerca del Chaplin y Ana corrió a pegar el rostro en el cristal que anun-ciaba la cartelera.

    —Es un ciclo de Isabelle Hupert . ¿La conoces?

    A pesar de no tener nosotros más de catorce años logramos entrar. La rompe tickets se guardó el billete que le ofrecí y nos invitó adentro. Apagaron las luces. La pantalla mostró una imagen distorsionada y luego una masa llena de colores y burbujeante. Una señora algo estirada anunció que la película tenía un problemilla y en su lugar pondrían Lo que el viento se llevó. Magistral, pero ya la había visto un millón de veces. Sin embargo, Ana Isabel se hundió en la butaca, parecía media boba con eso de Scarlet O’hara junto al árbol haciendo creer al mundo que la tierra es lo más importante, y los negros nacieron para recoger algodón y prepararles la cama a los blancos. Claro, yo tampoco estaba atento por aquellos días de mataperros y débiles aprobados en historia, física y biología para bajar tranquilos por la garganta la comida que papá y mamá dejaban sobre la mesa. Entonces apenas lograba ver en la pantalla a una joven del Sur, más profunda e independiente que nadie. Siempre rodeada de increíbles puestas de sol y chicos simpáticos dispuestos a todo por ella. Ana veía otros asuntos:

    —Esos vestidos le dan personalidad a la flaca esa. Parece una catarata de tantos vuelos, mira los guantes, ¿qué te parecen? Ya no hay moda de verdad, no la hay.

    Pasó las tres horas y pico concentrada en cada trapo que vestía Scarlet. Al final, se quedó sentada, con la vista en los créditos. Mientras el resto de las personas avanzaba a la salida. Algunos viejos discutían acerca del cine de ayer y el de hoy. Nosotros salimos casi últimos. Como no era temporada de películas francesas o alemanas, solo dos muchachos debatían acerca del filme.

    —Citizen Kent es mejor.

    —No jodas, tienes que ver lo de David Linch, Felini, Kurosawa, y sobre todo el cine francés.

    —A mí no me interesaba, no otra y otra vez no, el combate entre Hollywood y París; siempre me han parecido una mierda Amelie y Star Trek. Nos sentamos en un Café y pedí un expreso doble, Ana un capuchino. No paraba de hablar de lo bien que le sentarían las prendas victorianas y el chal de Scarlet.

    —¿Viste el que usó cuando se le escapó el pedo frente a los tipos del Congreso?

    —Te inventas todo eso, Isabel, no vi esa parte por ningún lado.

    —Porque estabas dormido, guanajón. Tampoco viste al pajuso junto a mí.

    —Deja la lata, me dormí un rato, pero he visto la película un montón de veces. Y en cuanto al pajuso, ¿te refieres al tipo que corría en dirección a la salida?

    —Sí, ese, le agarré el chorizo y le hice el nudo aquel que aprendimos en el campamento de exploradores. Las campanillas de la puerta doblaron y entró un muchacho algo sucio, con olor a mar, a pescado medio podrido. Era uno de los que discutía fuera del cine. Su uniforme de secundaria era un asco y el pelo le caía grasiento sobre la frente. Sentí que podrían echarnos en cualquier momento, porque ya éramos tres estudiantes en un Café. Para mí, no estaba permitido vender brebaje a menores de edad; quizá a los ojos de la dependiente, nuestras monedas eran más importantes. Por cierto, el muchacho no encontraba la suya en ningún bolsillo. La dependiente parecía molesta. Un exprés mediaba entre ambos, el aire acondicionado funcionaba a la perfección, pero aún así el muchacho empezó a sudar como una jarra de cerveza. Dejé la silla y le pagué a la muchacha.

    —Pensé que tenía una por aquí —dijo, todavía ocupado en registrar sus bolsillos—. De todas maneras, gracias, mi hermano. Y yo que siempre le dejo propina a esta gente.

    Regresé junto a Isabel y vi cómo sus ojazos negros se expandían de asombro. Y es que el muchacho arrastraba una silla hacia nosotros.

    —¿Puedo? Le respondí que no había ningún problema y media hora después compartíamos la quinta o sexta taza de café. Bebimos cortados, capuchinos y rocío de gallo. Así de importantes eran nuestros centavos. La cafeína empezó a hacer de las suyas, sobre todo en Tulio.

    —El país se hunde, camaradas. Los Yankees siguen tan hijos de puta como siempre y la ONU es un payaso macabro: Chuky. Los jóvenes de hoy solo quieren ropa y cerveza; la gente se la gasta con Hitler, pero hubo un tal Trujillo que de haber nacido en una potencia yo les iba a hacer un cuento.

    Bebió de un palo su última taza, y al dejarla en el platillo tenía los ojos color frambuesa. Yo tampoco andaba bien, llevaba mareos y ganas de vomitar. Antes de despedirnos nos dio un número de teléfono y se largó.

    —¿Qué te parece? —Le pregunté a Ana, que estaba ocupada en mirar la hora en su reloj.

    —¿Quién, el loco?

    —El socio, Anita, el socio.

    —Un anormal engreído y apestoso, sobre todo eso. Esa noche comí tarde y sin límites. Al acostarme encontré problemas para hallar una buena posición, porque el estómago parecía una de esas piedras que se atan a la cintura antes de arrojarse a un río. Quizá daban las dos o las tres cuando empezó a atraparme el sueño. Los eructos consecutivos comenzaban a aliviar mis tripas.

    De pronto pedí un brandy con agua. Mis amigos del club tarda­ban un poco, así que estuve echándole un vistazo, a través del enorme cristal que ocupaba el frente de la taberna Snodgrass, a la calle Golden Cross. Trataba de olvidar el dolor por la docena de ostras en mi estómago. Todos parecían felices: los marine­ros, los soldados, los judíos y los obreros portuarios. Sin embargo, una capa gris, flotaba unos metros más arriba. Tuve un mal presentimiento, decidí pagar la media corona por el brandy y caminé hacia la salida. Quizá los señores Tupman, Winkle y Miller se habían pegado a las prostitutas de San Martín-le Grand. Al llegar a la parada de coches daban las cuatro, y la nata gris apenas se extendía unos metros sobre la cabeza de las personas cada vez más escasas.

    A Cronwell Street, le grité al cochero. Con semejante ambiente de oscuridad no podía concentrarme en mi esposa, seguro preocupada por mi tardanza a tomar el té con ella y batirnos en unas partidas de Whist. Afuera, las calles pasaban como un pai-saje de ultratumba. Las tarimas que usualmente exhibían manzanas, caramelos, almejas y pescados, descansaban vacías frente a locales cerrados y húmedos donde los carteles se agi­taban con el viento. Pagué al cochero y el carruaje se perdió en la niebla. Entré a mi residencia e inmediatamente escuché ruidos y risas arriba, en el cuarto que compartíamos mi esposa y yo. Corrí directo a las escaleras y apenas bastó una patada a la puerta para que cediera sin mayor resistencia. Apenas a unos metros, sobre la cama, Winkle, Tupman y Miller fornicaban con Isabel Wardle (mi esposa) al mismo tiempo, por los tres orificios posibles. Al verme retiraron el armamento del cuerpo. Les chorreaba tinta negra del pene. Mi esposa respira-ba agitada, satisfecha; del sexo le colgaba un hilo que sostuve con la punta de los dedos, no sin antes advertirle que al primer movimiento la mataría como a un cerdo. Mis amigos se alejaron un poco. Halé el cordoncillo teniendo que soportar una serie de gases expulsados por su vagina; finalmente salió el otro extremo y en este una bolsita de té. Isabel Wardle tenía, nunca la vi antes, una taza con agua caliente. Es la hora del té, me aseguró con una sonrisa y las campanadas del reloj en el piso inferior anunciaron que daban las cinco. Tomé uno de los almohadones y me dispuse a apretarlo con todas mis fuerzas contra la cara de ella. Lo hice, pero mi cuerpo entero se hundió en el colchón y caí a otro nivel, en un lago de sangre donde por suerte daba pie, el líquido apenas llegaba a mis rodillas. No muy lejos, Isabel Wardle permanecía inmóvil, desnuda y de espaldas a mí; más allá levitaba un vestido negro, antiguo, como los que usaban las damas de la colonia en los entierros hace dos centurias. Entonces Isabel giró su cabeza lentamente hacia mí, y tuve una desagradable visión a partir de sus ojos, como si llevase una de esas lentillas que les ponen a los dobles en las películas de vampiros. Desperté en la sombra de mi cuarto, con el ventilador repasando mi cuerpo y a ocho pies quizá, un chorro de luna llenaba un metro cuadrado de piso. ¿Qué significaba aquel sueño? ¿Por qué lo tuve?

  • Autoedición, edición independiente o edición tradicional

    Autoedición, edición independiente o edición tradicional

    Diferencias reales y cómo elegir

    Muchos autores noveles rimerizos ordenan estas opciones como si fueran una escalera inviolable, es decir: autoedición abajo, editorial tradicional arriba, y la independiente en un punto intermedio poco definido, que hasta hoy se mantiene en esa «jerarquía» indefinida, que no describe cómo funciona el mundo editorial. Pero, como siempre, vamos por partes, ya que son tres modelos de negocio distintos, con lógicas de control, costo y distribución diferentes, y ninguno es en sí mismo “mejor” fuera del objetivo concreto que tenga el libro.

    ¿Qué es la autoedición?

    Aunque esto parece una perrogrullada, nunca está de más explicarlo y no es otra cosa que una forma de financiación para publicar en la que el autor asume todos los roles: contrata —o hace por cuenta propia, incluso sin tener el conocimiento para ello— la corrección, el diseño de cubierta, la maquetación, sube el libro a plataformas como Amazon KDP —por utilizar el ejemplo más común— y se encarga de toda la promoción, ¿por qué?

    Pues porque este tipo de modelo le otorga al autor mismo: control total, ay que badie más que él decide sobre el contenido, la cubierta o el precio de venta al público (el famoso PVP). El costo, pues así como arriesga en el acabado del producto final, también lo hace al asumir por adelantado el resto de los servicios implicados en el proceso, o sea: corrección, diseño, ISBN (que es lo más recomendable), aunque después se queda con un porcentaje de regalías más alto por ejemplar vendido. Por último, los tiempos en que decide manejar la finalización de todas las etapas del mismo proceso y la distribución y visibilidad, pues estas dependen casi por completo del esfuerzo del propio autor. No hay red de contactos, prensa ni librerías gestionadas por un tercero.

    Lo cierto, es que para este modelo de negocio en cuanto a libros no existe una única respuesta. Los autores tienden a tener estrategias diversas y aunque el esfuerzo es mucho, no siempre sale bien.

    ¿Qué es la edición independiente?

    Vamos a esta parte, que aunque parece sencilla, no lo es tanto. Una editorial independiente es un sello pequeño o mediano, con un catálogo curado, donde el trabajo se reparte entre el autor y la editorial, esta última suele asumir corrección, diseño, maquetación y parte de la distribución, y el autor cede ciertos derechos a cambio de ese acompañamiento, normalmente con regalías por ejemplar en vez de un pago único.

    En este caso específico, el control, es compartido, lo que significa que el autor conserva más voz que en una editorial grande, pero decisiones como la cubierta o ajustes editoriales suelen negociarse, no imponerse.

    El costo de producción, no es en sí mismo una garantía financiera, ya que por lo general no hay pago por adelantado del autor hacia la editorial; el modelo se sostiene con la venta de ejemplares. Los tiempos de producción son intermedios que la autoedición —hay un proceso editorial real de por medio— pero habitualmente más predecibles que los de una editorial grande, precisamente por tratarse de equipos pequeños con menos capas de decisión, y la distribución y visibilidad, más limitada que una editorial grande, pero con un acompañamiento personalizado, y a menudo un catálogo con identidad propia, que una editorial masiva no puede ofrecer a un autor nuevo, bien porque es una apuesta a ciegas, bien porque no es “rentable” traducido en ventas o como impulso de otras del mismo tipo aunque hacia diferentes títulos.

    ¿Qué es la edición tradicional a gran escala?

    Las editoriales tradicionales grandes trabajan con procesos de selección muy competitivos, no cobran al autor por publicar y en algunos casos ofrecen un anticipo sobre regalías futuras.

    ¿Pero dónde está la diferencia con el resto de procesos anteriores? En asuntos como el Control, que es el más limitado de los tres. La editorial suele decidir cubierta, título final y, en muchos casos, pedir tanto cambios editoriales significativos (esto implica que pueden hacer el autor escribir un capítulo más, eliminar un personaje o sumar otro a lo largo del proceso), como condición para publicar. Una prebenda que debe sumarse a ello es que el costo (tanto humano como tecnológico) de producción es cero para el autor por adelantado; el porcentaje de regalías por ejemplar suele ser menor que en autoedición o edición independiente, pero el volumen potencial de ventas es distinto. Los tiempos suelen ser más largos por la cadena de métodos que implica: procesos de selección extensos, comités editoriales, calendarios de publicación que se deciden con mucha antelación, mecanismo de promoción, y la distribución y visibilidad resulta aquí la más amplia de los tres modelos pues se cuenta con presencia en librerías, prensa, campañas que un autor individual o una editorial pequeña difícilmente pueden igualar, así como otros medios promocionales de un alcance si bien no limitado, al menos más caros.

    ¿Cómo elegir según lo que realmente buscas?

    Esto aplica para todo tipo de autores (a menos que seas de esos que finalmente haya logrado alcanzar el entorno de una editorial mayor). Si priorizas velocidad y control total, y estás dispuesto a asumir —o a pagar por adelantado— la corrección, el diseño y la promoción, entonces la autoedición encaja con ese objetivo, pero ten en cuenta que el resultado puede tener tanto un resultado positivo, uno negativo, como uno estático, este último implicaría mantener tu libro en el océano que ya existe pero sin movilidad ni venta y que termines ahogado por el cansancio de intentar.

    Si por el contrario, el autor busca acompañamiento editorial real y un catálogo con identidad sin renunciar del todo a tu voz, y tu objetivo no es necesariamente la distribución masiva sino llegar bien a un público meta (específico y definido con antelación), una editorial independiente suele ser el modelo más coherente, en el que de algún modo el autor también deberá implicarse, porque la obra al final, es suya.

    En cambio, si el autor tiene como prioridad conseguir la mayor visibilidad posible y está dispuesto a esperar procesos largos, competir contra muchas propuestas y ceder buena parte del control creativo a cambio de esa distribución, tiene sentido apuntar a una editorial tradicional grande.

    ¿Es una mejor que otra? Esta respuesta varía en dependencia del objetivo de cada autor, porque en todos los casos, hay que sacrificar una cosa u otra por conseguir lo que se busca. Sin embargo, todos los caminos conducirán sin duda, a un aprendizaje que si bien no muy apreciado, tampoco despreciable, todo estará en función de la paz que cada autor quiera llevar consigo mismo.

    Algunos errores comunes al elegir

    Aunque no lo parezca y lo deje aquí brevemente, esto tiene “chicha” porque es bastante frecuente equivocarse si: se asume que “independiente” significa “de menor calidad”, ya que describe una lógica de distribución y tamaño de catálogo, no un nivel de exigencia editorial, que existe, pero tal vez el resultado no es el esperado. Otro sería pensar que la autoedición es gratuita, lo que no es cierto, porque los costos existen igual, solo que los paga directamente el autor en vez de descontarse de futuras regalías y casi nunca se le suman los costes asociados para la finalización del proceso. Por último, pero no único, intentar perseguir el prestigio de una editorial tradicional sin considerar que, en la práctica, suele implicar menos margen de decisión sobre el propio libro.

    Lo sé, todos quisiéramos vivir de lo que hacemos, pero quien escribe e intenta plasmar esa historia que lo asfixia hasta que lo ve en las páginas, no lo hace por dividendos como objetivo principal, porque en ese caso, estaría en el “negocio” equivocado.

  • Concursos, ¿más que premios?

    Concursos, ¿más que premios?

    Cuando se piensa en concursos literarios suele imaginarse el brillo del premio, la foto en los distintos medios de comunicación, la faja en la cubierta. No obstante, para un autor que empieza, el valor real no está en ganar sino en el proceso que le obliga a escribir, revisar, asumir una fecha límite, acostumbrarse a pulir sus textos. No a «tener ideas», no a acumular comienzos brillantes, sino a llegar hasta la última línea, limpiar lo que sobra y aceptar que en algún momento hay que soltar, solo, cuando cuente con la absoluta certeza de que tiene un «material» cuyo valor es intrínseco.

    Escribir es, por lo general, un acto de fe. Los autores principiantes ven la participación en certámenes como una forma de integrar un panorama mayor que valide su obra. Sin embargo, enviar un manuscrito a una editorial es un agujero negro, pues llegar a cumplir el objetivo general con el envío a la editorial suele venir acompañado del silencio editorial. Pero, como el ser humano suele intentar encontrar un culpable y ver un «conflicto» inexistente, ¿quién es realmente culpable de que el tránsito hacia ese «éxito» que se busca, ¿por qué son importantes los concursos no como un medio de legitimación sino de «ensayo y error» para un fin mayor?

    Los concursos literarios no son simplemente una oportunidad de ganar un premio que financieramente, no solo representan estabilidad, posibilidad e inspiración para seguir creando, sino que también constituyen una herramienta estratégica fundamental para el desarrollo y el posicionamiento de una carrera literaria emergente al permitir comprobar en qué lugar se encuentra nuestro desarrollo como creadores y hasta dónde la calidad del manuscrito es perfectible para ese u otro certamen.

    Una de las realidades respecto a este tema es que las editoriales reciben aluviones de propuestas. Y se quiera o no, las editoriales son un negocio, es decir, viven de su producción, por lo que, un manuscrito de autor(es) desconocido(s) siempre compite con la pereza, el desinterés, la falta de tiempo del editor, pero sobre todo con los intereses editoriales y su línea de producción. De ahí que ganar un concurso, o incluso quedar finalista en uno con cierto prestigio, es un filtro de calidad externo, ya que no solo valida la obra, sino también al autor, o sea, es un sello de aprobación. La propia selección en un certamen funciona como un mecanismo de validación interna. Un escritor «validado» (aunque esta no es de hecho la mejor palabra para describirlo) es un escritor audaz, dispuesto a pulir su obra sin el temor de que el esfuerzo sea en vano.

    El propio acto de crear un texto desde cero, implica constancia, disciplina, esfuerzo, pero participar en concursos, además de las aptitudes anteriores, es estrategia, adecuación, ceñirse a determinadas normas de las propias convocatorias a los plazos de entrega, a sus bases técnicas (extensión, formato, temática), entre otras. Pero, como reza un viejo refrán: «El que juega por necesidad, pierde por obligación», por eso no debe verse la participación en los certámenes como una solución definitiva, sino como un medio para un fin, es decir, es un modo de probar la calidad de la obra, el estilo, la voz propia, pero sobre todo, de la historia que se comparte. De forma más clara, concursar es un eterno «juego de dados», no sabemos cuáles serán las puntuaciones finales ni cómo se ha medido nuestra obra. No ganarlo, NO significa que la calidad de lo que se haya concursado es mala, sin embargo, es útil para comparar si realmente estamos en el camino correcto al avanzar en las fases de selección hasta la decisión final de quién ha sido premiado. Ganar el concurso, es además de un gran estímulo, un refuerzo a la inspiración y al trabajo constante, pero contar con ello o pensar en ello como la única solución a la legitimidad o reconocimiento, no es lo más recomendable. Hay que saber gestionar las expectativas con frialdad analítica. Un concurso no es la panacea. La derrota es la norma, no la excepción. Los jurados son subjetivos, a veces políticos y un fallo negativo no implica que la obra carezca de valor, sino que no cumple con los criterios específicos de ese jurado en ese momento.

    Aunque parezca una práctica solitaria, participar en concursos también abre puertas a un espacio de conocimiento antes ignorado, es decir, solo la intención de enviar el texto, hará que se terminen conociendo editoriales, revistas, blogs, o espacios de promoción literaria que buscan textos y que tal vez nunca se habría encontrado de otro modo. Algunos certámenes incluyen antologías, menciones o simplemente un correo de agradecimiento que te recuerda que tu texto fue leído por alguien más.

    Esto significa que todos los concursos sean merecedores de atención ni que aquellos que cobran tasas desproporcionadas, prometen publicaciones poco claras o utilizan el entusiasmo de los «nuevos escritores» prometiendo modelos de negocio discutibles, sean mejores por ello. Es imprescindible antes de enviar, investigar quién organiza, de dónde proviene tal o mas cuál convocatoria, qué resultados previos han tenido los convocantes, qué ha pasado con los ganadores anteriores, cómo se gestiona la cesión de derechos y si el premio compensa el esfuerzo. Tampoco es sano convertir los concursos en la única medida para dar salida al resultado de tanto trabajo, lo promueva una editorial pequeña, una grande, un ayuntamiento o cualquier otra institución o grupo. El concurso es una herramienta, no un juicio absoluto.

    De cualquier forma, si algo se aprende en este camino, es que el resultado de cualquier escritor (tal como se menciona arriba) está en: Respetarse a sí mismo y a su creación, sumándole a ello: constancia, disciplina, esfuerzo, estrategia, adecuación, diversificación, y la postura que se quiera asumir antes el ejercicio de la crítica, porque puede que demore en ganar concurso, pero habrá obtenido una diversidad de juicios que sin rendirse hará que cada página sea cada vez mejor.

  • Redactar, editar, corregir

    Redactar, editar, corregir

    Algunas alternativas y programas útiles

    Si eres escritor, editor, corrector o sencillamente un apasionado por las posibilidades informáticas para trabajar con texto, puedo recomendar desde mi punto de vista, por experiencia, ensayo y error, este listado que dejo debajo con mis comentarios. De cualquier forma, la mejor opinión te la formarás cuando hayas trabajado con todos estos programas. Vamos a explorar una lista de alternativas que pueden ayudar o estancarte en dependencia de tu propia habilidad de acuerdo a lo que quieras conseguir.

    Programas para escribir (redacción)

    Procesadores de texto generales

    Google Docs: Si bien es cierto que es un procesador de texto online que permite la colaboración, el control de versiones y el guardado automático, muchas personas lo utilizan como una alternativa a la diagramación experimentada de InDesign, lo cual no recomiendo, pero si lo que quieres es escribir y guardar en la nube, pues como opción bastante bien, aunque es limitado en su sentido informático en cuanto a formatos. Puedes acceder a él en: https://docs.google.com

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    LibreOffice Writer: Sí, es una alternativa libre a Microsoft Word para escritorio (Windows, macOS, Linux), aunque el funcionamiento es básicamente el mismo, cuya libertad consiste en no pagar licencias, se integra perfectamente bien con Windows, pero tendrás que adaptarte a su entorno visual al ser muy diferente a otros procesadores de texto. Puedes utilizarlo o descargarlo en: https://www.libreoffice.org/discover/writer/

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    WPS Office Writer: No es que sea la mejor alternativa, pero puede salvarte en caso de que no puedas acceder a un procesador de textos regular o al menos mejor conocido por ti. Como he dicho antes, cambia bastante el entorno y cuesta adaptarse a ellos, encontrar las opciones, pero la finalidad es la misma, además de ser gratis. Puedes encontrarlo en:

    https://www.wps.com

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    OnlyOffice Desktop / Web: Es una suite ofimática gratuita con editor de texto, que en su plan gratuito (ya aquí comenzamos con los planes de los que todos queremos librarnos), permite: hasta 3 administradores, usuarios ilimitados, invitados ilimitados, doce espacios de trabajo, 2 GB de almacenamiento de archivos y Soporte para la comunidad ONLYOFFICE. Como ya habrás adivinado, está más diseñado para trabajo en equipo, en una alternativa que a menos que seas una empresa con suficiente capital para invertir en ello, es poco rentable. Puedes investigar en: https://www.onlyoffice.com

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    Zoho Writer: Es un tipo de plataforma muy similar a Google docs. Según informan en su propia página: (…) es gratuito tanto para usuarios individuales como para organizaciones. Obtendrás acceso ilimitado a todas sus funciones al registrarte. Sin embargo, si deseas generar documentos automáticamente con datos de aplicaciones o bases de datos empresariales, tendrás que adquirir créditos de automatización de documentos de Writer. Si tiene una suscripción a Zoho One, puede usar los créditos asignados a su cuenta para la automatización de documentos. Cada cuenta de usuario de una suscripción a Zoho One recibe 50 créditos gratuitos al mes. – Procesador online gratuito para documentos largos. Visítalos en: https://www.zoho.com/writer/

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    Escritores de novela y proyectos largos

    Aunque existen muchos programas para esta finalidad, igual solo te hablo de los que para mi son más convenientes, no solo por el trabajo en la nube, sino también por la facilidad de descarga e instalación.

    yWriter: Es un programa gratuito por escenas para novelas (Windows, Linux, Android), que deberás descargar e instalar en tu ordenador, se ha ido actualizando poco a poco, y su última versión es yWriter7 versión 7.1.3.0 (la última en utilizar controles de lista de Windows). Si quieres probarlo búscalo en: https://www.spacejock.com/yWriter.html

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    escribonauta.cl: Fue creado por un escritor e informático chileno, y hasta hoy trabaja muy bien, permitiéndote guardar en la nube, escribir por capítulos, recuento de palabras en cada capítulo e incluso establecer un límite de palabras para cada parte por individual. Aunque en su conformación aún puede mejorar mucho en cuanto al sangrado y conformación de párrafos, no está nada mal, y es un espacio más para dejar copia de lo que vas escribiendo pues no necesitas instalar nada y puedes utilizar tu teléfono en cualquier lugar para escribir mientras esperas o haces tiempo. La interfaz de la plataforma es bastante amigable, carga muy rápido y no necesitas más que registrarte para utilizarla.

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    Programas para autocorrección (gramática, ortografía, estilo)

    Si vas a utilizar este tipo de programas, chequea primero si tienen una extensión para tu navegador, sea Chrome, Brave, Edge o cualquier otro, por lo general hay extensiones que te facilitan el trabajo. Porque es bueno revisar personalmente, pero una ayuda extra nunca viene mal incluso para notar errores que no siempre vemos. Esto no quiere decir que los programas tengan todas las veces el ciento por ciento de la razón, pero dan un soporte increíble. Entonces, como correctores generales (multi-idioma o en inglés), podemos utilizar:

    Grammarly: Que es un corrector gramatical y de estilo con plan gratuito (sobre todo en inglés) bastante aceptable si te dedicas a la traducción e interpretación. ¿Los hay mejores? Probablemente, pero que sean de pago no garantiza que hagan el trabajo que necesitas, así que dependerá de ti encontrar o no las diferencias. Puedes verlo en: https://www.grammarly.com

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    LanguageTool: Es un corrector gramatical para múltiples idiomas (incluye español), con plan gratis. Funciona bastante bien integrado en Word, pero no puedes confiarte del todo en su revisión, al final nada está por encima del ojo humano, así que te animo a que lo investigues en: https://languagetool.org

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    Programas para editar (estructura, estilo avanzado, libro listo)

    Aquí incluyo herramientas pensadas para edición de fondo: ritmo, repeticiones, clichés, legibilidad, preparación del manuscrito, etc. Muchas tienen opción gratuita “Free Forever” o uso online sin pagar, como muchas plataformas, su plan gratuito tiene límites, pero hay que utilizarla según la necesidad de cada quien.

    Edición de estilo y análisis profundo

    AutoCrit: Es una herramienta especializada en narrativa, tiene plan “Free Forever” con acceso continuo a análisis básicos de estilo, ritmo y clichés. Recuerda, es un programa, puede fallar, analízalo desde: https://www.autocrit.com

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    Hemingway Editor: Cuenta con una versión de escritorio de pago, aunque es gratis en la web, resulta bastante útil para simplificar texto y mejorar legibilidad. Aunque no es de los preferidos por escritores de narrativa. Revísalo en: https://hemingwayapp.com

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    Aunque mi investigación para esto fue bastante larga, probé infinidad de variantes, solo he dejado las que a mi entender tienen más sentido para quienes se dedican a las letras. Cierto que nada hay como crear sobre papel, pero como al final no tiene mucho sentido hacerse enemigo de la tecnología y el progreso, creo que cada quien se formará su opinión de cómo utilizar cada cosa de forma responsable. Ojalá y esto los ayude en algo.

    De cualquier modo, hasta la próxima publicación, que la mucha buena suerte los acompañe.

    Imagen de portada: Wilhelm Gunkel en Unsplash

  • Antes de enviar tu manuscrito

    Antes de enviar tu manuscrito

    Deberías conocer estos tipos de corrección

    Como autor novel, siempre que terminas un manuscrito crees tener la historia más original y lista. Incluso, si eres un escritor de mucha experiencia, puede suceder que consideres el no necesitar ningún tipo de corrección. Sin embargo, la realidad es una historia, siempre muestra patrones de error que pueden llegar a distraen al lector.

    Claro, no todos los textos necesitan el mismo trato. Para un escritor novel, entender los tipos de corrección es como tener un mapa antes de enviar el manuscrito; para otro con experiencia, es una herramienta para autocorregir y elevar el nivel.

    Solo por si no lo conoces, aquí te dejo especificidades. Existen cinco tipos principales de correcciones:

    * Ortográfica, ortotipográfica, léxico-semántica, de estilo y reescritura.

    De cualquier forma, vamos a desglosarlos con ejemplos prácticos de correcciones reales que hemos aplicado.

    * El filtro básico: la corrección ortográfica, ya que caza errores de ortografía, acentuación y gramática elemental.

    * El cuidado del formato: la Corrección ortotipográfica, es decir: puntuación, mayúsculas, guiones y consistencia tipográfica. Muchos editores y correctores lo ven como el “maquillaje” del texto.

    * La corrección léxico-semántica: se encarga de la precisión en las palabras, evitar las ambigüedades, anfibologías, entre otras tantas posibilidades que pueden provocar confusión durante la lectura.

    * La corrección de estilo: trata sobre el pulido del texto, tanto en su forma gráfica como eufónica, ya que se mejora la claridad del texto, el ritmo y la voz.

    Hoy, con el auge de la autoedición y herramientas IA, muchos autores usan correctores automáticos para el cuidado de la ortografía, no obstante, el estilo humano continua siendo irremplazable, y aunque la correcta gramática es fundamental para lograr el preciosismo en muchos géneros literarios, no siempre es lo que prima y claro, esto es discutible, pero cuenta.

    ¿Cuál de estos tipos te genera más dudas en tus propios textos?

    Foto de portada: Roman Kravtsov en Unsplash

  • Autopublicar no es algo nuevo

    Autopublicar no es algo nuevo

    Da igual si piensas lo contrario

    Mucho se habla hoy en día sobre si autopublicar es algo mal visto por personas que también forman parte del gremio de los escritores. Pero, ¿tienen razón en verlo así?

    Cierto, que tener una cadena de distribución garantizada, ayuda a evitar dolores de cabeza con parte del proceso. Sin embargo, tampoco romanticemos la realidad, el proceso de la autopublicación tiene varias caras, aquí haremos referencia solo a una ínfima parte.

    Por partes:

    1. Autopublicar no es una gran elección en muchos sentidos: Primero, sin editores de oficio (que no siempre profesionales), correctores del mismo calibre sin los que tus libros tienen errores, tramas débiles y cubiertas no tan atractivas que no siempre ahuyentan lectores, pero influyen.

    2. El mercado está sobresaturado de personas que intentan (a saber por qué) también publicar una historia en la que creen. ¿Significa esto que son buenas? Algunas sí, otras no, todo dependerá de los que busquen los lectores.

    3. Te falta hacer el famoso «marketing» del que todo el mundo te habla, pero que nadie te enseña o indica como hacer y que no siempre es lo mejor. Puedes hacer un gran marketing, vender muchas copias e igual haber escrito un libro sin valor alguno.

    No obstante, también hay cosas positivas, ya que:

    1. Autopublicar te entrega un control total sobre la historia que has creado, regalías de hasta del 70% según la plataforma escogida

    2. Publicas cuando quieres, sin rechazos, aunque expuesto también a todo lo que pueda llegar desde el gusto propio de los lectores.

    Y como se mencionó al principio, autopublicar es algo que existe desde la Antigua Roma, con Galeno circulando sus textos sin intermediarios. Con Gutenberg en 1440. Benjamin Franklin imprimía sus panfletos, Jane Austen pagó por sus copias en 1811, Whitman costeó «Hojas de hierba» en 1855. Proust, Potter… la lista es larga.

    El fenómeno ha sido continuo, aunque limitado por costos hasta el siglo XX. El auge moderno llegó con la impresión bajo demanda en los años noventas, los libros digitales (e-books, a diferencia de los lectores que son e-readers) y plataformas como Amazon Kindle Direct Publishing (2007), que democratizaron el proceso y permitieron una explosión global, con éxitos como Cincuenta sombras de Grey o El marciano.

    Entonces, si crees que la autopublicación es algo «inferior» o reciente, despierta: siempre ha sido el camino de los arriesgados contra lo establecido.

    ¿Tú qué opinas? ¿Tradicional o indie?

    ¡Espero tu opinión en los comentarios!

    Foto de Bank Phrom en Unsplash

  • «Libros de postura» / Clásicos cubanos contemporáneos

    «Libros de postura» / Clásicos cubanos contemporáneos

    En el ámbito hispanoamericano hay un puñado de títulos cubanos que todo el mundo cita, comparte y discute… aunque una parte considerable de quienes los mencionan jamás ha pasado de las primeras páginas pero seamos menos estrictos, de las primeras cincuenta páginas. Esta visibilidad crea un canon de escaparate que oscurece obras cubanas contemporáneas mucho más arriesgadas, incómodas o simplemente vivas. Sin embargo, valdría la pena confrontar puntos de vista hasta ver si concuerdas o no sobre este tema.

    Señalamos algunos libros «de postura» muy presentes en las conversaciones literarias y exponemos unos puntos de vista con respecto a ¿cuáles son aquellas lecturas cubanas contemporáneas que abren las mismas preguntas, pero con más densidad, riesgo o actualidad?. Vamos por partes:

    1. El gran nombre y el gran salto

    Se repite, hasta cansar, la importancia de autores como Carpentier o Lezama Lima, pero no son menos las ocasiones en que se reduce su obra a un par de frases sobre «lo real maravilloso» o la «densidad barroca», que sí, nadie duda de ellos, pero muchas personas hablan sin haberlos procesado del todo. Mientras, otros narradores cubanos contemporáneos que dialogan críticamente con esa herencia apenas aparecen en las listas generales de «imprescindibles» para el público hispanoamericano.

    2. Política de escaparate frente a política de experiencia

    Obras como ciertas autobiografías o memorias de figuras políticas cubanas se citan como si todo el mundo las hubiera leído, cuando muchas veces solo se consumen sus titulares, reseñas o adaptaciones audiovisuales. No digamos que todo el mundo lo hace, pero hay «artistas» para todo.

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    3. El exotismo cómodo

    Una parte de la conversación sobre narrativa cubana sigue buscando la Cuba color sepia: rumba, ruina estética, sensualidad y un toque de miseria fotogénica. Nada más lejos que eso, y aunque La Habana, incluso en ruinas, es La Habana, no es el único territorio existente en la Isla ni el único donde encontrar excelentes escritores contemporáneos, con mucho cántico oculto, verdades incómodas, imaginario social y libros que aún viajan de concurso a concurso buscando cierta legitimidad y oportunidades.

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    4. Canon mediático versus canon íntimo

    Las listas de “libros cubanos que hay que leer antes de morir” o “novelas cubanas esenciales” acaban fijando un canon mediático muy útil para el turismo cultural, pero pobre para la experiencia lectora real, pues no solo pierde la oportunidad del hallazgo respecto a esos escritores que pululan en las provincias, sino también de aquellos libros que de una extremo a otro persisten en conseguir un «descentralización» de su comunicación literaria hasta encontrar un verdadero mercado.

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    No hace falta enumerar los diez títulos que todo el mundo menciona: cualquier lector hispanoamericano mínimamente atento reconocería los nombres que orbitan siempre en las mismas conversaciones, listas y suplementos. Más interesante es preguntarse: ¿Cuáles son los diez libros cubanos contemporáneos que apenas aparecen en esas listas y que podrían redefinir lo que entendemos por la literatura hispanoamericana actual?

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    Te proponemos que como lector, cooperemos con nosotros y nos dejes tu lista de cuáles para ti son estos diez libros imprescindibles de la literatura cubana contemporánea. Podemos prometer que si recibimos muchas respuestas, intentaremos publicar los títulos más repetidos para evitar duplicaciones.

    ¿Te animas a hacer tu lista?

    Foto de portada en este artículo de Alyssa Strohmann en Unsplash

  • Burnout en escritura y edición

    Burnout en escritura y edición

    Estrategias prácticas para la creatividad

    ¿Cuántas veces has intentado editar, reescribir o revisar un capítulo o texto mientras investigas referencias y contestas mensajes?

    Saltar entre tareas consume energía extra y reduce la calidad del trabajo. La solución es simple pero poderosa: enfócate en una cosa a la vez. Divide tu jornada en bloques dedicados.

    Aunque hay mucha explicación científica tras ello, el «burnout» o «desgaste profesional» no surge de la nada. En el entorno referente a la escritura y edición, los culpables habituales son los plazos apretados, la presión por resultados, la acumulación de tareas o el estancamiento de la productividad, entre otros factores. Imagina estar corrigiendo un manuscrito mientras piensas en el siguiente proyecto, respondes correos y luchas contra el plazo de entrega. Esa fatiga mental crea una niebla que obstruye todo: la concentración se desvanece, la motivación cae en picado y hasta las tareas más sencillas se vuelven montañas. Los síntomas son claros: irritabilidad, insomnio, extrema procrastinación e incluso resentimiento hacia lo que antes era una pasión.

    La buena noticia es que puede prevenirse e incluso revertirse con cambios reales en la rutina como:

    * Incorpora pausas estructuradas que permitan recargar el cerebro enfocándolo en otras actividades distintas a la principal.

    * Levantarse cada 50-90 minutos, caminar, estirar el cuerpo o salir al exterior.

    * En sesiones de largas de edición, revisión o escritura, esta práctica permite volver al texto con ojos frescos, y encontrar incoherencias.

    * Intenta aplicar la técnica Pomodoro: trabaja con intensidad durante 25 minutos, luego descansa 5. Después de cuatro ciclos, toma una pausa más larga de 15-30 minutos. Usa un cronómetro simple que está en tu propio teléfono. Esto evitará no solo la procrastinación, sino que entrenará tu cerebro para mantener la concentración sin agotarse.

    * Establece límites. En el entorno editorial los plazos son imprescindibles, pero tu salud lo es más.

    * Aprende a decir no o a negociar extensiones realistas.

    * Habla con tu editor o clientes y marca espacios de tiempo donde puedas atenderlo todo sin estresarte.

    Si crees que estás atravesando por una etapa de «burnout» o «desgaste profesional», considera las opciones anteriores. Al final, lidiar con ello no es solo sobrevivir, sino transformar la forma de trabajar para hacerlo sostenible y disfrutable. Verás cómo recuperas esa energía que te hace sentarte a escribir, revisar o editar con ilusión, produciendo textos mejores y más auténticos.

    Si estás lidiando con lo que te hemos descrito, cuéntanos en los comentarios: ¿Qué estrategias te han funcionado?, ¡tu experiencia puede ayudar a otros!

  • Año nuevo, retos nuevos

    Año nuevo, retos nuevos

    Suposiciones para mirar con esperanza

    Llega un nuevo año. Lo que hemos aprendido y superado no se detiene; nuevos retos aparecen para escritores, editores y amantes de la literatura. En un mundo donde lo literario en internet abarca cada vez más espacio, visualización, estrategias e increíbles modos de permanecer, publicar un libro ya no se trata solo de imprimir páginas, sino de tomar conciencia de buenas prácticas de uso con los algoritmos, utilizar mejores CTAs no comunes y optimizar los caminos hacia búsquedas que lleven lectores directos a tu obra.

    Los retos del ciberespacio son cada vez más reales: saturación de contenidos y mercados, cambios constantes en Amazon KDP, Smashwords o Bubok, así como la necesidad de implementar un mejor SEO para autores, de modo que los haga visibles entre miles de publicaciones o productos de distinto tipo.

    La democratización digital ha permitido que cualquier persona con algo de habilidad publique sus textos, sea que lleguen donde sepa o pueda. Aunque la competencia continúa siendo voraz. A pesar de los muchos aspectos negativos, tal vez es más práctico concentrarse en los positivos, ya que en la actualidad nunca fue tan accesible publicar, trazar una estrategia e implementar una serie de pasos para llegar a muchos más personas.

    Puede ser que este nuevo año traiga:

    * Un crecimiento de formatos híbridos, o sea, un aumento en la creación de ebooks y audiolibros interactivos.

    * De igual modo, suponemos un crecimiento aún más acelerado en comunidades nicho dentro de las redes sociales como BookTok y Bookstagram, que continúan llevando la delantera, pero Instagram Threads y Substack parecen ganar importancia para boletines —newsletters— literarios directos con un mayor alcance.

    * Otro gran paso será el SEO avanzado con IA ética, a pesar del disgusto de algunos creadores y la defensa de otros tantos.

    * A raíz de la dificultad creciente de los nuevos autores para encontrar un mecanismo eficiente de distribución desde las editoriales, el sector de la autoedición parece explorar un camino de aceptación y beneficios personales —más trabajoso pero asumido y controlado por los propios autores.

    Los puntos anteriores nos inducen a volcar otra mirada sobre la actual saturación del “mercado oficial” del libro, donde las relaciones interpersonales seguirán creciendo por sobre la relación editorial contractual, donde importará más el hecho de crear por vías propias cada vez mejores relatos y, por qué no, puede que hasta pensar en que un mercado real y alterno de autopublicados llegue a situarse —salvando las distancias— como un modo de ser en realidad visible sin tanta dependencia tecnológica.

    Desde nuestro mayor sentir, esperamos que este nuevo año, más allá de las suposiciones, llene a los autores de ilusión, ganas, esperanzas; que jamás desistan en su empeño por crear, agradarnos y dejar que busquemos en ese maremágnum de palabras que es el internet, su voz.

    ¡Bienvenido a 2026, que sea año de palabras y lectores!

  • Reflexiones de Ribla Editores

    Reflexiones de Ribla Editores

    Sobre un año de palabras lentas y sueños por cumplir

    Queridos lectores y amigos de Ribla Editores,

    Al cerrar 2025, llegamos a la pausa reflexiva de casi todo fin de año: «¿Qué logramos?, ¿cuánto invertimos?, ¿cuántos libros y amigos hemos perdido?». Como las páginas en blanco que preceden un nuevo capítulo. Este año, nuestro viaje como sello editorial independiente, es un testimonio de readaptación a lo que comienza, a la pasión por lo artesanal, pero sobre todo a la idea de permanecer.

    Con un sitio web iniciado en 2025, con muchos fracasos, pero aún más sueños, comenzamos a navegar el ciberespacio desde nuestro Diario introspectivo y un catálogo en gestación, todo bajo la filosofía de «libros lentos, bellos y necesarios».

    Durante 2025 aprendimos sobre la belleza del ritmo lento en un mundo acelerado. Lanzamos entradas en el Diario como «Q3» y «Documentos auditables», explorando silencio y adaptación, con la intención de que resuenen incluso terminado el año e iniciado el siguiente a través del boletín (newsletter) quincenal. Sin ruido promocional, estos textos son el inicio del refugio que pretendemos para muchos, recordándonos que la literatura no compite con scrolls infinitos, sino una invitación a detenerse. También perdimos amigos entrañables, aquellos que nos ayudaron a formarnos en este largo oficio que es trabajar con libros y autores, pero mantener la ilusión de continuar haciendo por el bien de las letras, más allá de cualquier esfuerzo.

    Por supuesto, también hubo desafíos: construir presencia en buscadores sin viralidad forzada, equilibrar lo digital con lo tangible, aunque pocos triunfos, que esperamos cosechar en el futuro a partir de colaboraciones con escritores emergentes, feedback para nutrir nuestro manifiesto.

    Desde ya, agradecemos a cualquier posible suscriptor, seguidor en Instagram y lector que pueda encontrar en nuestra página el disfrute de las palabras, una mano amiga para cuidar sus textos o sencillamente compartir.

    Con miras a 2026, prometemos más: expansión del catálogo con poesía, ensayos profundos, entradas en Diario para intentar escalar sin perder esencia, y herramientas gratuitas recomendadas para escritores, pero nada será posible sin la ayuda de lo más importante: nuestros autores y lectores.

    Seguiremos siendo refugio en el ruido.

    Con gratitud y esperanza,

    El equipo de Ribla Editores.