¿Cómo manejar la retroalimentación en el proceso editorial?
Para los autores, la retroalimentación es casi siempre un proceso doloroso porque el texto es parte de uno mismo: cada palabra, signo y giro narrativo lleva horas de esfuerzo, dudas y una disciplina durante el proceso, que no es diferente de la que mantienen editores y correctores, al leer, marcar y entregar las críticas del texto. De ambas partes hay un aprendizaje, aunque el problema más común no es la crítica en sí, sino cuando esta se asume como un ataque personal.
Es claro que en algunos textos la intención es definida, el uso frecuente de recursos literarios, el sujeto narrativo o lírico marcan el camino diseñado por el autor. No obstante, el puente de contacto entre el autor y editor o correctores, se rompe cuando ni uno es capaz de transmitir con claridad y solo utiliza el control de cambios sin explicaciones o el otro (el autor) no sabe establecer del todo la defensa de su propio texto, que debería erguirse como una pared infranqueable por sí mismo.
Existen varias formas de manejar esa herida de ambas partes sin dejar de crecer.
1. Separa el texto de tu identidad: Tu manuscrito no eres tú. Es un «producto» que creaste, pero no es tu esencia. Cuando un corrector señala que una frase es redundante o que un diálogo suena forzado, no está juzgando tu valor como persona ni tu talento como escritor sino hablando de algo que puede pulirse. Si eres de los que asumen las críticas como un ataque personal, piensa que necesitas poner distancia entre tu persona y tu obra.
2. Lee primero sin juzgar: Cuando recibas las correcciones, no las abras de inmediato con el corazón en la mano. Mejor, lee todo el informe sin tocar el texto, las marcas, las aclaraciones e indicaciones que hayan enviado el editor o el corrector.
3. Pregunta antes de discutir: En lugar de responder con un: «¡No!», automático, repasa los comentarios, sugerencias y cambios que te proponen, recuerda que el papel del editor y el corrector no es «aniquilar» tu obra, sino mejorarla hasta que pueda brillar de tal forma que también permita que crezcas, superes y sobrepases esos errores iniciales.
4. Aprende a decir «no» con respeto: No tienes que aceptar todo. Si una sugerencia toca algo esencial de tu estilo o de la historia, explícalo con calma. Un editor curtido en el oficio respetará tu decisión e intentará encontrar un punto de confluencia común.
5. Celebra los aciertos: Entre tanto tachón, suele haber comentarios positivos como la admiración por algún capítulo(s) o escena(s), estilo o personaje(s).
La retroalimentación entre autor y editor o corrector duele al principio porque el texto puede ser vulnerable. Recuerda que toda obra es perfectible.
¿Te ha dolido alguna corrección reciente? Cuéntanos en los comentarios.

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